El cuerpo del delito Image by sitefotosurf via Flickr
A punto estuvo de morir un ciudadano brasileiro residente de Sao Joao do Rio Preto a manos (o más bien a xxxxxx) de su amante, cuando aquélla, harta del pobre papanatas de 43 años, se introdujo veneno en la rajada (el gatito pues) y acto seguido le pidió al infeliz que se bajara por los chescos.
Otro confiadamente procedió a eso, pero de pronto se detuvo, pues emanaba un olor rancio del orificio boquete y se negó a continuar y huyó adonde un doctor le hiciera un lavado estomacal, salvando de esa manera la vida y acabando la deliciosa y malvada bruja en el frescobote para su mejor conservación a temperatura controlada.
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